La campeona de trail running Leire Fernández no imaginó que una frase dicha entre una respiración entrecortada y un rush de dopamina desataría una tormenta. El pasado 18 de mayo, Leire cruzó la meta de la Chandrexa Trail 2025 y sueltó la siguiente joya: “Claro que esto es duro, si fuera fácil se llamaría pádel”. El comentario, transmitido por EVASIÓN TV, voló como zancada de atleta por las redes y encendió una pequeña guerra fría entre montañistas y padeleros.

Los bandos no tardaron en formarse. Por un lado, los fans del trail salieron a defender a su campeona: “¡Es su humor, así es ella!”, “no lo dijo con mala intención”, “es solo una broma”, “es gracioso porque es verdad”. Por el otro, la comunidad del pádel —que no se anda con tonterías cuando de dignidad deportiva se trata— protestó: “¿Cómo que fácil?”, “¡baja a la pista y verás!”, “esto no es un juego de terraza y mojito”. Y tienen razón.

Porque sí, el pádel tiene algo de “fácil”… pero eso no es un defecto. Es una virtud.

El pádel es fácil de empezar, no de dominar; y eso es hermoso. Es como esos libros que puedes leer en una tarde, pero que te acompañan toda la vida. Es un deporte que abre la puerta a la inclusión: no necesitas haber hecho 20 triatlones ni haber vivido en un refugio de alta montaña para disfrutarlo. Puedes jugar a los 15 o a los 70, con amigos del trabajo, tu pareja o tu papá. Puedes hacerlo por pura diversión o tomártelo tan en serio como para sudar en la final de alguna categoría.

Y sí, requiere técnica, estrategia y reflejos felinos. Porque devolver una bola bajada a la reja no lo hace cualquiera. Porque saber cuándo volear y cuándo dejar pasar una pelota al cristal exige un cerebro táctico, no únicamente piernas. Y porque un buen globo no es suerte: es cálculo, tiempo y muñeca.

Leire, para ser justos, lo entendió y lo dijo. Se grabó jugando pádel, pidió disculpas a quien se sintió ofendido y hasta se rió de sí misma: “Echamos un partido y el que gane, se lleva la vitamina”. Si eso no es humor deportivo y ganas de reconciliar, ¿qué lo es?

Al final, esta anécdota revela algo más profundo: cómo una simple frase, malinterpretada y amplificada en redes, puede convertirse en un campo de batalla. En realidad, ni el trail es superior ni el pádel es inferior. Son deportes distintos, con públicos diferentes, pero con un punto en común: nos hacen sentir vivos, nos conectan con otros y nos retan a ser mejores.

Si me preguntas —entonces, Eduardo Tovilla, ¿es el pádel “fácil”?— Sí, si lo comparamos con subir montañas nevadas por 42 kilómetros. Pero también es difícil si lo comparas con hacer nada, con vivir en piloto automático, con no moverte del sillón.Ojalá más cosas en la vida fueran “fáciles como el pádel”: accesibles, divertidas, compartidas, exigentes cuando quieres y amables cuando puedes. Esta no es una historia de pádel contra trail, sino de cómo elegimos interpretar el mundo: con ganas de pelear… o con ganas de jugar.

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