Arjen Robben es uno de esos jugadores que cualquiera que guste del futbol recordará con admiración. Nació en 1984, en Bedum, Países Bajos. Su carrera futbolística fue espectacular. Hizo su primera aparición profesional en el FC Groningen y luego brilló en el PSV Eindhoven antes de dar el salto a grandes ligas europeas.
Yo lo conocí cuando su carrera en el balompié comenzó a consolidarse: durante su etapa en Inglaterra con Chelsea. Sin embargo, fue en el Bayern de Múnich donde alcanzó su mejor forma, al grado que se convirtió en ícono del club en una década. Fue ganador de múltiples títulos de Bundesliga, copas nacionales e incluso la UEFA Champions League.
A Robben lo ubicamos por su destreza, velocidad y su letal pie izquierdo, así como por su característico regate que desconcertaba rivales. Esto lo hizo pieza clave de la selección neerlandesa, participando en tres Copas Mundiales y dejando momentos inolvidables, como aquel penal decisivo contra México en el Mundial de 2014, que ayudó a clasificar a Holanda a las siguientes rondas y dejó a todo nuestro país con lágrimas de injusticia y varias injurias en la boca.
Como toda carrera deportiva, la de Robben estuvo marcada también por lesiones que lo hicieron luchar para regresar a su mejor nivel. Después de retirarse del futbol profesional en 2021, muchos creyeron que no volvería a jugar su deporte favorito de manera cotidiana, pero no fue así. Robben sorprendió a todos con una nueva pasión: el pádel.
Robben y el pádel: una nueva pasión que brilla
Desde hace varios años, Robben había mostrado un interés genuino por el pádel. Lo practicaba en su tiempo libre desde su etapa en Alemania, incluso llegó a construir una pista en su casa para entrenar con regularidad. En 2025, esta pasión se convirtió en algo más serio, ya que Robben decidió dar el paso y debutar profesionalmente en un torneo del circuito CUPRA FIP Tour en Westerbork, Países Bajos. Sí, a sus 41 años, Robben saltó a la pista con la misma determinación que lo caracterizó en el futbol, mostrándose competitivo y con un nivel más que respetable para un debutante en esta disciplina.
En su primer encuentro oficial, Robben y su compañero Werner Lootsma vivieron un partido memorable donde salvaron múltiples bolas de partido y lograron ganar en un ajustado tie-break. A pesar de que en la ronda siguiente cayeron frente a rivales con más experiencia en pádel, el exfutbolista dejó una impresión maravillosa en todos los asistentes, quienes lo consideran el mejor exfutbolista que ha transitado a este deporte.
Los elogios vinieron de sus adversarios y de figuras del circuito, quienes destacaron su talento natural y su capacidad para adaptarse rápidamente a las exigencias del pádel. Más allá de la victoria o la derrota, lo que, a mí, Eduardo Tovilla, me resulta maravilloso es que Robben parece dispuesto a disfrutar cada partido con la misma entrega que tuvo en el césped.
Robben ya no viste la camiseta de clubes emblemáticos, pero mantiene el espíritu competitivo y la disciplina que lo hicieron leyenda. Considero que su historia puede inspirar a muchos deportistas a reinventarse y redescubrir nuevas pasiones aún después de colgar los tacos (de futbol).
