Hay momentos en los que uno se da cuenta de que el cuerpo está en un lugar, pero la mente en otro completamente distinto. Me ha pasado muchas veces en la cancha de pádel: estoy parado frente a la red, la pelota viene hacia mí, y aun así mi cabeza está resolviendo pendientes, recordando una conversación incómoda o anticipando algo que todavía no ocurre. El resultado suele ser el mismo: llego tarde a la bola o la mando directo al cristal.
Ese instante, tan cotidiano y aparentemente trivial, dice mucho más de nuestra forma de vivir de lo que creemos.
Hoy, estar “ocupados” parece una virtud y estar presentes, un lujo. Por eso no es casual que prácticas como el mindfulness hayan ganado tanta relevancia, especialmente entre quienes ya no buscan velocidad ni competencia, sino equilibrio, claridad y bienestar. Curiosamente, el deporte (en mi caso el pádel) puede ser una de las mejores escuelas para aprender a estar aquí y ahora.
Como suele ocurrir con las mejores lecciones, esta también tiene un espejo en la cultura pop. Quien me conoce, sabe que no soy un gran fan de las películas de súper héroes, pero aquí el ejemplo me parece pertinente: en Doctor Strange, el protagonista no aprende a dominar la magia acumulando más fuerza, aprendiendo a pelear o levantando pesas, sino entrenando su atención. Hasta que no logra estar completamente presente, su poder es inútil. Algo muy parecido ocurre en la cancha.
El pádel tiene una particularidad que lo distingue de otros deportes: exige atención constante, pero no agresiva. Se trata de leer el juego, anticipar, escuchar el rebote, sentir el ritmo. Cuando la mente se dispersa, el cuerpo lo paga de inmediato.
En mi experiencia personal, y aquí hablo desde lo que observo y vivo, no desde una teoría, el pádel se vuelve un termómetro muy honesto del estado mental. Hay días en los que todo fluye: los golpes salen naturales, las decisiones son claras, el juego se disfruta. Y hay otros en los que, aun estando físicamente bien, nada termina de acomodarse. Casi siempre, la diferencia no está en mi estado físico, sino en la atención.
Jon Kabat-Zinn, uno de los principales referentes del mindfulness clásico, define esta práctica como “prestar atención de manera intencional al momento presente, sin juzgar”. Dicho así suena simple, pero llevarlo a la práctica es todo un desafío. El pádel, sin proponérselo, nos obliga a hacerlo.
Estar presente no es “poner la mente en blanco”
Uno de los grandes malentendidos sobre el mindfulness es creer que se trata de dejar de pensar. No es así. Kabat-Zinn lo explica con claridad: la mente va a producir pensamientos, lo importante es no quedar atrapados en ellos.
En la cancha, esto se ve clarísimo. Puedes fallar un punto, pero si te quedas mentalmente en ese error, fallas el siguiente. El mindfulness no elimina el error, pero sí evita que este se convierta en una cadena.
Aquí es donde Doctor Strange vuelve a aparecer como metáfora útil. El personaje no deja de sentir miedo ni duda, pero aprende a observarlos sin que lo dominen. En el pádel ocurre lo mismo: no se trata de evitar la frustración, sino de no jugar desde ella.
Muchas personas asocian el mindfulness con estar sentados en silencio, con los ojos cerrados. Y aunque esa es una práctica válida, no es la única. Kabat-Zinn habla también del mindfulness en movimiento: llevar la atención plena a actividades cotidianas como caminar, respirar o, en mi caso, jugar pádel. Algunos ejemplos muy concretos:
- Sentir el peso de la pala antes de sacar.
- Escuchar el sonido exacto del golpe.
- Percibir la respiración entre punto y punto.
- Notar la tensión en el cuerpo y soltarla conscientemente.
Nada de esto mejora tu ranking, pero todo mejora tu experiencia. Y, paradójicamente, suele mejorar también el juego.
Lo que el pádel enseña sobre la vida diaria
Lo interesante es que lo que ocurre en la cancha rara vez se queda ahí. Cuando uno entrena la atención en un espacio lúdico y sin demasiada presión, empieza a notar cambios fuera de él.
Estar presente mientras juegas facilita estar presente en una conversación, en una comida con la familia, en un momento de descanso con la pareja. Esto es especialmente relevante en etapas de la vida donde el tiempo libre aumenta, pero la mente sigue funcionando en modo urgencia, yo lo sé por experiencia. No necesitamos hacer cosas extraordinarias para vivir mejor, sino estar más presentes en las ordinarias. Esta reflexión atraviesa buena parte de lo que escribo y comparto como Eduardo Tovilla Lara, y el deporte recreativo es un gran laboratorio para ello.
Consejos prácticos desde el mindfulness clásico
Basados en el enfoque de Jon Kabat-Zinn, aquí van algunos consejos simples y aplicables, tanto dentro como fuera de la cancha:
- Ancla tu atención en la respiración. Antes de sacar o recibir, toma una respiración consciente. No para relajarte “a la fuerza”, sino para volver al presente.
- Observa sin juzgar. Si fallas un punto, nota la emoción (enojo, frustración, risa incluso) sin calificarla como buena o mala. Sigue jugando.
- Vuelve, una y otra vez. La atención se va a ir. Siempre. La práctica no es evitarlo, sino volver cada vez que lo notes.
- Acepta el momento tal como es. Hay días buenos y días torpes. Resistirse a eso sólo añade tensión innecesaria.
Estos principios, tan sencillos en apariencia, son profundamente transformadores cuando se practican con constancia.
Tal vez el mayor aprendizaje que el pádel puede ofrecernos no tiene que ver con ganar partidos, sino con algo mucho más sutil: la posibilidad de entrenar la presencia mientras el cuerpo se mueve.
