El 31 de diciembre siempre me pasa lo mismo.

Estoy entre el “ya casi se acaba el año” y el “ahora sí me pongo las pilas”. Abro notas en el celular, hago una lista rápida, medio ambiciosa, medio esperanzada, y me convenzo de que enero va a ser mi reinicio oficial, que ahora sí voy a moverme más, comer mejor, dormir temprano, ordenar mis finanzas, leer, aprender algo nuevo… todo al mismo tiempo.

Y luego llega enero y año nuevo…

No llega malo, sólo llega real: pendientes, cansancio, gastos, tráfico, “lo vemos la próxima semana” y la motivación se va evaporando sin hacer ruido. No es flojera. Es que la vida no se detiene para que tú cumplas tu lista. Ese año me pasó igual… hasta que un día, sin planearlo demasiado, alguien me escribió: Eduardo Tovilla, ¿vamos a jugar pádel?

Cómo cumplir los propósitos de Año Nuevo

Lo curioso es que yo también tenía “hacer ejercicio” en mi lista, pero “hacer ejercicio” es una intención vaga; no tiene forma; no tiene fecha; no tiene horario. No tiene compañía. El pádel sí. 

No era “me voy a activar”. Era: martes, siete y media, cancha tres. Y eso cambia todo. Un propósito sin calendario es puro deseo. Un propósito con hora y lugar se vuelve posible. No basta con pensar lo haré en el año nuevo.

Además estaba lo social: no iba solo. Iba con alguien que ya estaba ahí, que ya había reservado, que te espera, que te manda un “ya voy llegando”. No es presión, es un compromiso bonito. Y ese tipo de compromiso, en enero, vale muchísimo.

Propósito de Año Nuevo: el primer partido no fue perfecto, pero fue suficiente

La primera vez llegué con esa mezcla de emoción y nervio de “a ver si no me veo mal”. Me prestaron pelotas, me dieron dos tips, y en la cancha pasó lo que no pasa en el gimnasio cuando estás empezando: me reí.

Hubo golpes horribles, globos que se quedaron cortos, bolas que me pasaron por enfrente como si yo no existiera, y aún así… salí mejor de lo que entré.

No por el resultado. Por algo más simple: durante una hora mi cabeza se desconectó de todo. No estaba pensando en pendientes, ni en correos, ni en lo que me faltaba por resolver. Estaba viendo la bola, intentando anticipar, tratando de no chocar con mi compañero, celebrando un punto que salió bien “de pura suerte”. Y eso, en enero, se siente como un regalo. Tuve un feliz año nuevo.

Propósito de Año Nuevo: es fácil volver al pádel

Aquí es donde entendí por qué el pádel encaja tan bien con los propósitos de Año Nuevo: no depende de tener una motivación enorme. Depende de que sea fácil repetirlo. Volver era sencillo: alguien reservaba, el plan ya estaba armado, y tú únicamente ibas. Y cuando sólo tienes que presentarte, empiezas a construir algo que sí se sostiene: una rutina. A la tercera semana ya no era “a ver si se arma”. Era “¿qué día jugamos?”  Y sin darme cuenta, el pádel se volvió el único propósito de Año Nuevo que no se me quedó en enero.

¿Cómo cumplir los propósitos de Año Nuevo? Necesitas un ancla

Muchos nos ponemos propósitos de Año Nuevo como si estuviéramos negociando con una versión perfecta de nosotros: súper disciplinados, con tiempo, con energía, con ganas diarias, pero la vida real es otra, por eso creo que el mejor propósito no es el más ambicioso. Es el más sostenible.

El pádel funciona como un ancla porque combina tres cosas que sostienen cualquier hábito:

  1. Primero, tiene cita. No es “algún día”. Es “tal día, a tal hora”.
  2. Segundo, es social. No estás peleándote solo con tu motivación.
  3. Tercero, es divertido. Y lo divertido siempre regresa.

Cómo cumplir los propósitos de Año Nuevo: hazlos pequeños, concretos y repetibles

Si esta semana del 31 de diciembre estás pensando en propósitos de Año Nuevo, te propongo uno que sí cabe en la vida real: “Voy a jugar pádel una vez por semana durante enero.” Nada más. No “ponerme en forma”. No “bajar diez kilos”. No “transformar mi vida”. Sólo presentarte una vez por semana. Y si te gusta, febrero se acomoda solo.

Puedes incluso darle una micrometa para que cada partido tenga sentido:

  • Aprender a usar la pared con calma
  • Mejorar un saque
  • Dejar de pegarle “con coraje” y empezar a colocar
  • O simplemente terminar el partido sin sentirte fundido.

El Eduardo Tovilla de hoy lo piensa con firmeza: micrometas = progreso real. 

¡Feliz Año Nuevo! Lo mejor del pádel es lo que te deja después

Hay algo que no se dice tanto: el pádel no sólo te mueve el cuerpo. Te regresa cosas que diciembre y enero suelen quitarnos: energía, ligereza, conexión, ganas, ya que sí, haces ejercicio, pero también te diviertes, también convives, también te despejas.  Eso es exactamente lo que muchos necesitamos al empezar el año.

Cierre: el propósito no es “ser otra persona”, es sostener una versión mejor

Este 31 de diciembre, si estás a punto de escribir la misma lista de siempre, hazte una preguntas sencillas: ¿Cómo puedo cumplir los propósitos de Año Nuevo? ¿Qué cosa pequeña puedo hacer cada semana, incluso si enero viene pesado? A mí, esa respuesta se me volvió pádel. Y si te gusta intentarlo, empieza por lo más simple: elige un día, ponlo en el calendario y manda este mensaje: ¿vamos a jugar pádel? 

¡Feliz Año Nuevo!

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