Cuando leí el nuevo reglamento del FIP Promises que entrará en vigor en 2026, no pensé en artículos ni en tecnicismos. Pensé en chicos y chicas jugando torneos interminables, en viajes largos, en partidos bajo el sol, en entrenadores tratando de ayudar sin estorbar y en decisiones que, aunque parezcan pequeñas, terminan marcando carreras completas.

A veces olvidamos que el pádel juvenil es más que un semillero de talentos, es un espacio donde se aprende a competir, a perder, a esperar y a entender que el progreso no siempre es inmediato. En ese sentido, este reglamento dice mucho más de lo que aparenta.

Cada punto importa… y eso también se aprende

Que el Star Point sea obligatorio en todos los partidos del FIP Promises no es sólo una cuestión de formato; para mí, Eduardo Tovilla, es una declaración de principios. El jugar cada punto como si contara, porque cuenta, obliga a estar presente, a decidir mejor y a convivir con la presión desde temprano.

No sé si este sistema guste a todos, pero sí sé algo: el pádel de alto nivel no perdona desconexiones y aprender eso desde joven puede ser incómodo, pero también formativo. Como me dijera uno de mis mentores en el pádel: “Eduardo Tovilla, nadie se hace competitivo evitando los momentos difíciles”.

Competir más, sin cerrarse puertas

La posibilidad de jugar torneos FIP Promises y, en la misma semana y sede, competir en Premier Padel o CUPRA FIP Tour me parece uno de los cambios más sensatos. Esto porque el desarrollo deportivo no siempre sigue una escalera ordenada.

Hay momentos en los que un jugador necesita medirse con gente mayor, con más ritmo, con otro tipo de presión. En mi opinión, forzar a elegir entre “circuito juvenil” o “dar el salto” muchas veces frena procesos que podrían ser naturales. Aquí, por fin, el reglamento entiende eso.

Un pádel juvenil que mira al mundo

Ahora, el reservar plazas para parejas de otros continentes en los torneos continentales, además de elevar el nivel competitivo, amplía la cabeza. Jugar contra alguien que viene de otra cultura deportiva te obliga a adaptarte, a leer distinto el juego y a salir de la comodidad.

Para muchos jóvenes, estos cruces serán sus primeras experiencias verdaderamente internacionales. Y esas experiencias suelen enseñar más que cien entrenamientos.

Cuidar el cuerpo también es parte de competir

Uno de los puntos que más celebro es el límite de partidos diarios y las pausas obligatorias en condiciones extremas. Durante años se normalizó que los jóvenes “aguanten todo”. Como si el cansancio fuera una prueba de carácter.

Este reglamento va en otra dirección: competir sí, pero no a cualquier costo. Enseñar a escuchar el cuerpo también es formar deportistas más completos. Y, a largo plazo, más duraderos.

Constancia antes que golpes aislados

Las finales continentales y la exigencia de haber jugado un número mínimo de torneos mandan un mensaje claro: la regularidad importa. No se trata solo de aparecer cuando hay puntos grandes, sino de sostener un proceso durante toda la temporada.

Eso, en el fondo, es una lección de vida deportiva, porque las carreras no se construyen con destellos, se construyen con continuidad.

Reconocer lo recorrido al cambiar de categoría

El sistema de puntos bonus cuando un jugador sube de categoría me parece un gesto inteligente. Cambiar de etapa siempre implica empezar de nuevo en muchos sentidos, y que el reglamento reconozca parte del camino previo evita la sensación de borrón y cuenta nueva.

No regala nada, pero sí reconoce el trabajo hecho. Y eso, en edades formativas, importa mucho.

Entrenadores: estar, pero no decidir por ellos

Que los entrenadores puedan entrar a pista en Sub 16 y Sub 18, pero no en categorías menores, refleja algo que a veces cuesta aceptar: hay edades en las que el jugador tiene que aprender a pensar solo.

En Sub 12 y Sub 14, equivocarse sin alguien que te diga qué hacer también forma. Resolver, adaptarse y leer el juego por cuenta propia es parte esencial del aprendizaje.

Un reglamento que habla de proceso

Este nuevo reglamento del FIP Promises no es sólo un conjunto de normas; es una señal de hacia dónde quiere ir el pádel formativo: más cuidado, más criterio y menos improvisación, así que lo aplaudo, ya que formar jugadores no es preparar campeones únicamente, es acompañar personas que están aprendiendo a competir, a decidir y a crecer. Yo, Eduardo Tovilla, creo que, cuando el reglamento entiende eso, el deporte da un paso en la dirección correcta.

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