Durante años, los deportes se construían lejos de las ciudades, pero actualmente la mayoría están dentro de ellas y eso ha provocado algunos problemas. Y bueno este sitio es sobre el pádel, así que les hablaré sobre las externalidades negativas del mismo para quienes no lo juegan, pero sí viven cerca de alguna cancha donde se practica.

Sí, lo que comenzó como un deporte social, accesible y urbano, ahora está generando conflictos vecinales, demandas legales, regulaciones y hasta cancelación de proyectos. El pádel, últimamente, está viviendo algo que pocos deportes han vivido: su primer conflicto urbano.

El problema no es el pádel, es el ruido

El principal conflicto entre el pádel y las ciudades es el sonido. El golpe de la pelota contra la pala y, sobre todo, contra el cristal, genera un ruido constante, repetitivo y difícil de ignorar, especialmente cuando las canchas se encuentran cerca de viviendas.

Hay ejemplos que retratan mejor que cualquier estadística lo que está ocurriendo. En Inglaterra, un vecino de un club de pádel en Enfield, al norte de Londres, dijo que escuchar un partido era “como una bala que pasa justo a tu lado”. La frase es dura, pero ilustra muy bien el tamaño del conflicto: para algunos, el pádel ya no suena a convivencia ni a recreación, es más como una irrupción constante en la tranquilidad del barrio.

En varias ciudades europeas, las quejas vecinales han derivado en reducción de horarios, instalación de barreras acústicas, cancelación de proyectos y, en algunos casos, el cierre de canchas. Es decir, el pádel ya no solo se discute en clubes deportivos, se discute en ayuntamientos, tribunales y reglamentos municipales.

La cuestión es que, cuando un deporte llega a los tribunales, significa que dejó de ser solo un deporte.

Cuando el negocio del pádel choca con la ciudad

El crecimiento del pádel tiene una explicación muy simple: una cancha pequeña, alta rotación de jugadores y renta por hora hacen que sea un negocio rentable. Por eso las canchas aparecen en azoteas, estacionamientos, clubes privados, escuelas, hoteles y desarrollos inmobiliarios.

Es ahí donde aparece el problema: el pádel es un deporte urbano, pero también es un negocio urbano, y cuando el negocio entra a zonas residenciales, aparece el conflicto. En algunos casos documentados, los vecinos han denunciado que el ruido supera los niveles permitidos y que el peloteo constante durante horas hace difícil la vida diaria, especialmente cuando las canchas están a pocos metros de las viviendas.

Sin duda, esto ya no es un tema deportivo; es un tema urbano.

El pádel y la ciudad: un problema de planeación

El verdadero problema no es el pádel. Es la planeación urbana. Muchos municipios no tienen regulación específica sobre:

  • Distancia mínima entre canchas y viviendas
  • Niveles de ruido permitidos
  • Horarios de operación
  • Barreras acústicas obligatorias
  • Iluminación nocturna
  • Uso de suelo para canchas deportivas privadas

El resultado es predecible: primero se construye la cancha, luego llega el negocio, luego llegan los jugadores, luego llegan las quejas. Y entonces empieza el conflicto. Vamos, esto ya pasó con bares, con antros, con estadios y ahora está pasando con el pádel.

Lo interesante: esto ya había pasado con otro deporte

Algo similar ocurrió con el pickleball en Estados Unidos, otro deporte de pala que creció rápidamente dentro de zonas urbanas y que también generó conflictos vecinales por el ruido constante. En varias ciudades tuvieron que instalar barreras acústicas, limitar horarios e incluso cerrar canchas. Es decir, esto no es un problema del pádel; es un problema de los deportes urbanos de alta rotación: deportes que se juegan todo el día, todos los días, muy cerca de viviendas.

Entonces, la pregunta ya no es deportiva

La pregunta ya no es si el pádel es un buen deporte. La pregunta es otra: ¿Dónde sí y dónde no debería haber canchas de pádel en una ciudad? Y esa es una pregunta de política pública, de planeación urbana y de convivencia social. Esto es muy importante porque el pádel está entrando en una nueva etapa: la etapa donde deja de ser una moda y se convierte en infraestructura urbana. En mi opinión, la de Eduardo Tovilla, y la de expertos, cuando algo se convierte en infraestructura urbana, necesita reglas.

El futuro del pádel no se va a decidir en la cancha

Se va a decidir en:

  • Reglamentos municipales
  • Normas de ruido
  • Licencias de uso de suelo
  • Planeación urbana
  • Ingeniería acústica
  • Diseño de ciudades

Quizá ahí está la prueba más clara de que el pádel ha madurado: ya no basta con hablar de su crecimiento, de su popularidad o de su potencial comercial. También hay que hablar de sus límites. Una ciudad bien pensada no es la que prohíbe todo lo nuevo, es la que encuentra la manera de integrarlo sin deteriorar la vida de quienes la habitan. Y si el pádel quiere consolidarse como parte del paisaje urbano, tendrá que demostrar que puede convivir tanto con sus jugadores como con quienes jamás han pisado una cancha.

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