Desde hace algún tiempo, hemos emprendido una labor social importante para nosotros: apoyar a niños con problemas visuales. Ya les hemos compartido algunas historias, esta vez les contaremos sobre Lupita. Con 12 años, recientemente recibió una cirugía ocular para corregir el estrabismo, un padecimiento con el que nació y que afectaba su bienestar emocional y su experiencia escolar. 

De acuerdo con lo que nos contó su mamá, Guadalupe Amarillas, sus maestros solían regañar a su hija porque no podía ver el pizarrón; pese a ello, la ubicaban en los últimos asientos. Esta situación, junto con las burlas de sus compañeros, afectaba su autoestima, al punto de que ya no quería ir a la escuela. “Ya no quiso seguir estudiando. Sentía pena. Decía que no veía bien y que la molestaban”, nos contó su madre. Al final, su hija dejó la primaria.

Afortunadamente, el apoyo de la fundación en la que cooperan el doctor Toxqui y Eduardo Tovilla hizo que Lupita recibiera una cirugía correctiva, sin costo para su familia. Cuando nos dijeron que sí había una operación para ella, no lo dudé. Dije: ‘Es mi momento de apoyarla’. Mis otros hijos ya están más grandes y ahora era el turno de Guadalupe”, nos contó su madre. Su experiencia en la clínica fue buena desde el principio, le explicaron el diagnóstico a detalle y fueron acompañadas durante todo el proceso.

La cirugía fue un éxito. Aunque aún está en seguimiento, el cambio ya se percibe. Nos contó Lupita, quien para sus 12 años es muy tímida y por eso participó poco en la entrevista, que ya se ve en el espejo y no nota raro su ojo.  Su mamá nos contó que el siguiente paso es volver a la escuela. Percibe algo de temor e inseguridad en ella, así que tendrán que trabajar en eso porque esta es una nueva oportunidad: “es difícil quedarse sólo con la primaria.”

Desde el primer contacto hasta el día de la cirugía, las dos fueron tratadas con empatía y compromiso humano. “Estoy muy agradecida. Todo el personal, desde los doctores hasta quienes nos explicaban todo, fueron súper atentos. Me siento bendecida de que mi hija haya recibido este apoyo”, compartió la mamá de Lupita.

A las familias que enfrentan situaciones similares, recomendó que aprovechen este tipo de apoyo, porque puede cambiarles la vida. A veces da miedo, pero vale la pena. Sin duda, Lupita es sólo una de muchas niñas y niños que merecen mirar el mundo con confianza. Hoy, ella lo hace con una nueva luz en sus ojos… y un futuro por redescubrir.

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